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Aspectos formativos del baile Imprimir E-Mail
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viernes, 07 de abril de 2006

ImagePor Roberto Maquieira

Cultivar la sensibilidad de los niños con materias como la música, la pintura o el baile desde pequeños no garantiza, pero indudablemente favorece un clima menos tenso en las aulas, e invitan más a la reflexión, el diálogo y la tolerancia que a la agresividad y el rechazo.

Pero a pesar de estar en pleno siglo XXI todavía nos encontramos con estúpidos prejuicios. He sido testigo de como todo un colegio, incluso muchos profesores, rechazan a chicos, explícita o implícitamente por practicar ballet o bailes de salón. Pero estas actitudes no provienen de los propios niños, sino de sus padres y familiares, que de forma directa o indirecta están creando unas actitudes en sus hijos de rechazo y prejuicio reclamando cierta agresividad, segun muchos de ellos, necesaria en un mundo competitivo.
Invitaría a muchos de estos padres a ver competiciones de baile, donde muchos chicos, no todos, tienen sensibilidad para el baile, no son agresivos, y ello no es óbice para que sean extremadamente competitivos.
Otra cosa es la formación en las escuelas de baile y las actitudes de muchos padres que llevan a sus hijos a dichas escuelas.
No es extraño encontrar a padres que quieren que sus hijos de 2 o 3 años aprendan a bailar cuando casi no saben andar ni tienen todavía asimilados conceptos motrices básicos necesarios para el baile.
Antes de los 7 años deben trabajarse aspectos psicomotrices, con música si se quiere, pero desde un punto de vista lúdico y con una programación precisa, pero no podemos pedir que nuestro niño baile con cierta técnica con 5 años, sino que antes debemos trabajar los conceptos psicomotrices que nos permitirán llegar con mayor facilidad al aprendizaje de la técnica de cada baile. Cuando no lo hacemos asi, vemos a niños, por ejemplo, que llevan asistiendo a clases de baile desde los 3 años y cuando tienen 7 años bailan con una gracia tremenda pero con un avance casi nulo en 4 años. Una pérdida de tiempo y de dinero para los padres y para los niños.

Es indudable que la escuela nos ofrece unas amplias posibilidades formativas. En el currículum escolar figuran materias de indudable valor intrínseco para la formación humana y profesional de los niños. Algunas de estas materias son la Educación Artística y la Música, contempladas ya desde la educación primaria. De otra parte tenemos la Educación Física, tradicionalmente denominada "Gimnasia". En estas áreas, las actividades son propicias a la valoración comparativa de acuerdo con normas adoptadas por la sociedad. Estas normas pueden afectar produciendo fracaso, inseguridad, bloqueo, en aquellos niños cuya capacidad expresiva, artística o física sea diferente. Es importante pues valorar positivamente los avances de todos los niños, en función de sus capacidades y sensibilidades, potenciando el aspecto creativo y restringiendo el competitivo.

En Música se intenta enseñar a los niños los rudimentos básicos de tan noble arte, incluyendo el aprendizaje del uso de algún instrumento y algunas nociones básicas acerca de ritmo, solfeo y teoría e historia musical.
En Educación Física se supone que el niño debe aprender a desenvolverse de forma progresiva con el mejor instrumento del que dispone todo ser humano: su propio cuerpo. Conceptos como orientación espacial, coordinación motora, equilibrio, esquema corporal, lateralidad, etc, deberían ser programados y estructurados de forma conveniente. Debemos pensar que el niño, a los 6-7 años es cuando ya tiene unos movimientos coordinados, adquiere las nociones espaciales, controla la carrera, el salto y el lanzamiento, distingue las nociones derecha-izquierda en él mismo y progresa en agilidad, velocidad y equilibrio. Además, a esa edad existe ya una preferencia lateral en mano, pierna y ojo, aunque la noción de tiempo depende todavía de la velocidad.Image
Es importante también al efecto de lo que nos ocupa que hasta los 8-9 años el niño no adquiere plenamente la conciencia de los ejes corporales.
En la mayoría de los niños el equilibrio madura en torno a los 12 años. Hay que tener también en cuenta que aproximadamente entre los 8-10 años el desarrollo cardiovascular se encuentra en plena evolución, con lo cual habremos de tener cuidado con bailes y coreografías de gran intensidad que pueden provocar taquicardias.
Dicho esto, el baile puede ayudar a adquirir y/o potenciar alguno de estos conceptos, pero es evidente que el niño no se encuentra todavía facultado para aprehender técnicas y aspectos importantes inherentes al baile hasta los 7-9 años, siendo incluso hasta los 9-10 años cuando comienzan a separar la actividad lúdica frente a la actitud del trabajo.

El baile podríamos decir que es un compendio práctico de ambas materias: Música y Educación Física.

Luego tenemos otro aspecto muy importante: la formación de actitudes y valores en las escuelas de baile, por desgracia, casi nula.
Si de los profesores parte solo el deseo de que los niños ganen e inculcan en estos una competitividad extrema y agresiva, llegando a establecerse rivalidades enfermizas entre escuelas, le estaremos quitando al baile gran parte de sus posibilidades educativas.
Se debe fomentar el respeto al compañero y al otro sexo, desarrollando actitudes y valores positivos, haciéndoles ver que lo importante no es ganar, sino disfrutar con la música y el baile, tanto en los entrenamientos como en las competiciones, haciendo amigos incluso entre los rivales más próximos.
Claro que a todo esto no suelen ayudar mucho los padres, que, en muchos casos, después de pagar tanto dinero en clases, ropas, viajes, etc (esto es tema de otro artículo) quieren tener una compensación al efecto en forma de triunfos y subidas de categoría, y con esto lo único que consiguen es presionar a profesores y estresar a los niños redundando en una formación negativa para los propios niños.

El baile debería estar presente en las escuelas de una forma más rotunda. Aunque claro, posiblemente debamos esperar a que muchos adultos con prejuicios y posibles represiones cambien de actitud o den paso a generaciones futuras que observen perplejas las enormes posibilidades educativas que ofrece el baile en la escuela ordinaria y que han sido obviados durante tanto tiempo.

Quizás deberíamos enarbolar banderas y salir a la calle reclamando una visión menos sexista de la danza para que muchos de nuestros políticos y educadores dejasen de expresar esa sarcástica sonrisa cuando pronuncian la palabra BAILE.
 
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