Vivimos en el país del talento. En España vas por la calle, le das una patada a un bote, y salen cuatro o cinco constructores, notarios, diputados o estrellas de la televisión. Talento en estado puro.
Talento en dosis descomunales que utilizamos para los más variopintos fines. Ya saben, recalificar un terreno rústico, cambiar de nombre un reality y venderlo como si fuera nuevo, bajar los impuestos y las prestaciones sociales… A los españoles el talento nos sirve, por ejemplo, para enfrentarnos a la famosa crisis económica, la debacle de los mercados financieros o la explosión de la burbuja inmobiliaria y la subida de las hipotecas, sin inmutarnos: en 2007 no sólo hemos comprado más coches de lujo que nunca (un 20% más que en 2006), sino que además hemos alcanzando un consumo record de champán. ¡Con talento… y dos cojones!
"Estoy harto de que la gente sin talento trabaje en televisión", asegura Rafael Méndez, bailarín con nombre de registrador de la propiedad, en unas declaraciones realizadas a la excelente web vertele.com. Méndez no se refiere a sí mismo, pese a ser famoso por decir "energy" en el programa 'Fama ¡a bailar!' (Cuatro). Y por nada más. No se trata de una autocrítica, por tanto, sino de un profundo y desarrollado análisis de la televisión española actual: "Estoy harto de que la gente sin talento trabaje en televisión". Y punto.
Méndez, profesor de baile con aspecto de Tarzán de provincias, es un clónico: la versión que Cuatro ha creado para 'Fama ¡a bailar!' de Risto Mejide, el profesor borde de esa meca del talento musical llamada 'Operación Triunfo' (Telecinco). Comenzó ya, por cierto, la selección de concursantes para la nueva edición de 'OT'. Son los M&M´s (Méndez y Mejide) de la televisión, una parejita de cacahuetes caducados que se dedica a juzgar el talento de los demás. No desde la prudencia, sino desde el protagonismo y los malos modos: ellos son el talento, el espectáculo, la audiencia… y los concursantes, unos pelagatos a los que deben tratar a patadas. Es la ley de la telerrealidad.
Que el profesor de baile de 'Fama ¡a bailar!' tenga los cojones de decir que está harto "de que la gente sin talento trabaje en televisión" resulta… enternecedor. Es la prueba irrefutable de que la televisión es una máquina de picar sentidos comunes, de triturar modestias, de trinchar prudencias, de licuar cerebros, de hacer trizas la humildad. Y que los pobres desgraciados que trabajan frente a las cámaras, caso de no tener la cabeza bien amueblada, corren grave riesgo de terminar devorados por su propia estupidez.
Javier Pérez de Albéniz (soitu.es) |