La tierra se calienta y Santiago se tropicaliza a ritmo de salsa
Mil doscientas personas participan del trópico utópico de Salsorro
Apasionados del baile de toda Europa, casi la mitad portugueses, asisten al festival
?centos franceses, alemanes, portugueses, italianos e ingleses se entremezclaban ayer en el Pazo de Congresos con las sonoridades de la música latina más internacional, que se le ha dado en llamar salsa, y sobre cuyos orígenes no parecen ponerse de acuerdo los salseros. Se trata de la quinta edición del Festival Internacional de Salsa de Galicia o Salsorro 2006, un evento del que son culpables dos compostelanos gozadores de los caribeños ritmos, Diego Perea y Alfonso Noya, creadores de la web Salsorro. En la lluviosa y húmeda capital gallega surgió, pues, este musical trópico utópico de cuatro días en el que se dan cita los mejores bailarines del mundo en el género.
Un utópico trópico de danzas y sones en el que el idioma oficial es el portugués. Y no porque de repente Galicia se haya pasado al reintegracionismo sino porque los vecinos del país hermano son, con diferencia, los que acaparan este gozoso encuentro de cuerpos y ritmos. No acierta uno a explicarse el fenómeno; si la culpa es del fado, como nostalgia o tristeza cantada que no se baila, o si el calentamiento de la tierra nos está tropicalizando inconscientemente a todos.
El hecho es que de entre los más de mil doscientos bailarines que ayer se contoneaban en el vaporoso ambiente de los salsórricos talleres, casi dos de cada uno, quinientos, eran portugueses. Pero ni la lusofonía lograba imponerse ayer al poderoso lenguaje de la salsa; esperanto de ritmo, musicalidad y sensualidad que se va imponiendo por el globalizado mundo adelante, con su moda y merchandising .
Una prueba de ese dominio planetario de la salsa está en las dos parejas de profesores estrellas en las clases del Salsorro 2006, campeona y subcampeona en el último campeonato del mundo. Los primeros, Oliver y Luda, se conocieron a los once años en Australia y llevan trece años bailando juntos, afincados ahora, dónde iba a ser sino, en Portugal. Oliver es de ascendencia chilena pero nació y residió en Chile, y Luda es rusa pero residía en Australia. Estos dos dioses del género explican lo «fuerte» que está la salsa en Australia y en la tierra de Rasputín. «Mi familia siempre bailaba y yo ya lo hacía de niño, que es la forma de aprender más rápido», cuenta Oliver, confirmando que el baile, como las lenguas, cuanto más niños se ejercitan mejor.
Pero las estrellas del encuentro no son los campeones del mundo sino los subcampeones, Adrián y Anita, los dos protagonistas del programa televisivo Mira quien baila , con los que todos los congresistas quieren posar. Anita Santos, de padre gallego y madre brasileña, es toda una prueba de las beldades, y maravillosas verdades, del mestizaje entre pieles y salsa que hacen bailar al mismísimo Oscar Ladoire.
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